La intolerancia a la lactosa: ¿qué es y cómo sobrellevarla?

26 marzo, 2016 · General, Salud y Belleza

La lactosa es un azúcar natural presente en la leche de los mamíferos. Para digerirla, ya que se encuentra en muchos alimentos preparados que solemos consumir a diario, el cuerpo necesita de unas enzimas conocidas como lactasas, encargadas de transformar el disacárido (lactosa) en dos monosacáridos (glucosa y galactosa). Esto, a su vez, nos aportará energía para afrontar el día.

¿Por qué se produce la intolerancia a la lactosa?

De presentar unos niveles de lactasa bajos, nuestro cuerpo encontrará dificultades para digerir la lactosa, es decir, se produce la intolerancia en forma de problemas gastrointestinales. En otras palabras, el intestino delgado no es capaz de romper toda la azúcar consumida. Este problema puede surgir desde el mismo nacimiento, desarrollarse en la infancia o, en última instancia, en la edad adulta. De hecho, gran parte de la población adulta a nivel mundial (excepto la población del norte y el centro de Europa) tiene déficit de lactasa. Es la relación causa-efecto de consumir más o menos leche de los animales a lo largo del tiempo: a mayor consumo, mayor tolerancia.

¿De qué manera podemos tratar la intolerancia a la lactosa?

En primer lugar, suprimiéndola de nuestra alimentación diaria. Se deben ingerir alimentos alternativos a le leche y derivados, y en su lugar consumir otros que suplan la posible deficiencia de calcio. Por ejemplo, los quesos y yogures tienen menos lactosa que la leche debido al proceso de fermentación; y, de consumirla, se tolera mejor durante las comidas principales que de forma aislada.

Una lista de alimentos que es recomendable ingerir para evitar la deficiencia de calcio son: leche baja en lactosa o leche de soja, quesos fermentados, legumbres, frutos secos, pescados con espina (sardina, boquerón, mejillones, berberechos, etc.); además de todas las frutas, zumos naturales y verduras, carnes y huevos, azúcar de mesa y aceites vegetales, aguas e infusiones.

Y entre los alimentos a evitar o a reducir su consumo, según el grado de intolerancia: cualquier tipo de leche animal salvo la baja en lactosa, postres lácteos, quesos (excepto el curado), nata, crema, mantequilla, etc.

 

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